
Y decían que no les gustaba. Resulta que el sábado pasado, los más jodidos amigos del mundo se rindieron ante el encanto de Raphaela Carrá, Yola Polastri, Miguel Bosé (Don Diablo) y Nubeluz. Insistían en que la música que ponían en el Down Town no les gustaba y que “en esa disco hay puro gay”.
Las discotecas están para divertirse y la música ayuda mucho para lograrlo. El matrimonio de mi mejor amiga del colegio, Nena, fue el marco perfecto para restregarles en la cara a los mocosos -ya en base tres- que además del confeti y el trago gratis, las combinaciones musicales del Down Town se está difundiendo y arma juergas. 
Ahí tienen, ahora no me pregunten por qué iba a esa disco gay. Yo aprecio la buena música y no necesito rodearme de héteros -como yo- para divertirme. Todos somos iguales, héterosexuales y homosexuales, bajo las luces de colores y el ritmo contagiante del Rompe la Piñata y La Macarena.
Ese sábado, el 19 de abril, sólo escuchaba “qué mostra la fiesta”, “te pasaste Evelyn”, “ésta es la juerga”… y bla, bla, bla.
Y seguíamos en medio de la pista, todos contra todos… No hay que retroceder tanto en el tiempo, Súbete a mi moto (Menudo) y El Meneito (Natusha), aunque no lo creamos, son clásicos de la cultura popular hispanoamericana. Asimilen esto y sigan bailando… ya saben, cuando se casen, tomen como ejemplo la boda de Nena, esa sí que fue “la juerga”. (No me importa que sigan diciendo que parecía mi fiesta… no es pecado divertirse) xoxo.