Miguel Bosé no sólo logró retroceder en el tiempo a más de diez mil peruchos en el Estadio Monumental, su concierto hizo mucho más la noche del miércoles 30 de abril.
La verdad, es que pese a su molestia, nadie iba a quedar satisfecho sin que este hombre, ya con cuchumil años encima, entone uno de sus primeros éxitos que lo vestia de mameluco rojo muy pegadito a su cuerpo y llamaba al popular Don Diablo.
No tuvo más remedio que hacerlo. Gracias Miguel, te faltaba el aire y se te veía evidentemente cansado pero complaciste a todos los asistentes con tu canción, Lima no se iba a dormir tranquila si antes no recibía un ”beso chiquitín con un swin”.
Linda, Te amaré, Amante Bandido, entre otros… ya ni sé si fueron los 70’s u 80’s, de verdad no recuerdo haber vivido tanto, ni modo.
Así es que miles de personas pagaron sus culpas ante Don Diablo, caminando por la horrible frontera del Monumental, en Ate. Oscuridad, silencio, peligrosos vehículos en las pistas sin veredas, policías intransigentes… todo se prestaba a una muerte segura antes de poder escuchar a Miguel.
El abuelito Miguel, cada vez más panzoncito, nos hizo bailar sobre las sillas… algo peligroso pero era eso o simplemente nada, conformarnos con escuchar su voz sin poder verlo.
La verdad, los organizadores pensaron en todo pues las sillas eran de piedra. Un joven bastante gordito, saltaba y por poco daba hasta su vueltita sobre su silla… se sabía todos los pasos y yo temía que se diera un porrazo, sin embargo, el tipo tenía ritmo y equilibrio. Para mí, fue parte del show.
Estoy feliz de poder decir que escuché a Miguel Bosé y lo escuché cantar, por casi última vez, Don Diablo… valió la pena perder clase y los minutos del celu que invertí en compartir el concierto con mi hermanito que trabaja lejos… según me dijo, también bailó conmigo esa noche.